“Su hijo actuará en la obra que estamos preparando”. La frase de la maestra -no importa de qué nivel sea- retumba en la cabeza del padre o de la madre que empieza a transpirar frío, porque sabe que está ante un serio problema que afectará a toda la familia.

El drama se presenta cuando las docentes pretenden transformar una simple representación del 9 de Julio en una superproducción de Hollywood en la que aparecen hasta monstruos extraterrestres portando la bandera. Ya no alcanza con el vendedor de velas, la paisana, el mazamorrero pintado con corcho quemado o la dama colonial. Hay que buscar mucho brillo y eso genera más apuros aún.

Ni hablar de aquellos establecimientos que les piden a los padres o abuelos que bailen alguna pieza de época para sorprender a los chicos. Pero, en realidad, ellos lloran cuando descubren a sus padres vestidos con sus prendas o, simplemente, prefieren jugar antes que mirar a aquellos grandotes disfrazados de chicos.

Por esta costumbre, en la provincia florece una nueva actividad comercial. Cada vez son más los comercios y modistas que se dedican al rubro. Claro que como es incipiente, nunca pueden responder a la demanda de los padres, ya que ningún establecimiento escolar avisa con tiempo lo que está preparando. A esta altura de las circunstancias, en el hogar no quedan pastillas para combatir el dolor de cabeza.

Así es como los preparativos para semejante acontecimiento se transforman en tan importantes como los que hizo José de San Martín para cruzar Los Andes. Los pobres progenitores recorrerán el centro buscando los elementos para completar el disfraz, pero siempre faltará el más importante de todos. Ese detalle generará algunas discusiones matrimoniales como “te dije que lo compraras vos”, “¡los gauchos no usaban botas con cierre!” y “¿Le compraste verde? Si no festeja la independencia de Irlanda”, entre otras exquisiteces que se transformarán en recuerdos familiares.

El día del gran estreno se acerca y siempre falta algo. Después de muchas discusiones, la solución es conocida por todos: llamar a la abuela que, pacientemente, siempre soluciona la cuestión cosiendo o tejiendo ese pequeño detalle. Claro que después muestra la factura salvadora cada vez que puede.

¿Y cómo termina la historia? A pesar de que se trata de diferentes obras, el final es más o menos el mismo. Muchos chicos se asustan al ver el público, lloran a los gritos, ni siquiera suben al escenario o, directamente, cumplen con su papel y su aparición es tan rápida que apenas alcanza para hacer dos tomas fotográficas. Sí, el drama termina transformándose en comedia.